La espiga del odio, sin sentido.

El racismo, así como la narrativa ideológica del “Nacionalsocialismo” en la Alemania de Hitler, se fundamentan por medio de un discurso de odio: basan y sustentan sus argumentos, y postulados para justificar su sistema, y proyecto político atribuyendo los “males” y defectos del país (economía, sociedad y Estado) a un factor ‘externo-ajeno’ a ellos -como ejemplos: en la Alemania nazi este fue el papel de los judíos, en la actual Europa del Este son las etnias de los países vecinos-; dejando a un lado cualquier explicación adicional. Si la economía está mal es porque -dicen- los “judíos acaparan todo y no dejan a los buenos, nobles y santos alemanes tener buenas condiciones económicas”. Una característica particular de este tipo de justificaciones ideológicas es precisamente “suponer” en “el otro” (extraño) un ‘algo’, que puede ser una habilidad, un ‘sexto sentido’, una creencia, una costumbre, etcétera. Y sí, ¡es la ideología estúpido!

¿No es algo similar a lo que recurre actualmente el PRI -esta vez como Aparato Ideológico- ante las protestas y manifestaciones de descontento social, y de demanda por justicia –exigencias plenamente justas y necesarias-?

En el aire -literalmente, a través de la señal de las telecomunicaciones- circulan un montón de “comentarios y análisis críticos” con respecto a la actual coyuntura política; dichos comentarios se encaminan poco a poco a ir justificando ‘el mal momento’ en México por causa de las acciones de los inconformes. Incluso se atreven a concluir -de manera desesperada, como un acting out histérico- que hay “un grupo de agentes malignos, encabezados por López Obrador, para desestabilizar al gran Proyecto de Nación del (santo, poderoso, bienhechor, noble, bueno, incorruptible, etc.) presidente Peña”.

En el pleno corazón del PRI, aluden al maligno y “perverso” plan de conspiración dispuesto y orquestado tan perfectamente que los politécnicos, los “anarcos” y -casi casi- los 43 estudiantes desaparecidos de la Normal de Ayotzinapa desaparecieron para tal ‘complo’

En suma, lo que en realidad revelan con este mensaje es su impotencia; hablando en clave lacaniana, anuncian al ‘gran Otro’ su inconsistencia, reciben de vuelta su mensaje. Lo ‘Real’ los asecha, el retorno de lo reprimido, aquello mismo a lo que intentaron forcluir

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